Responsabilidad afectiva ¿qué quiere decir y por qué está en boca de todos?

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En el último tiempo el concepto de responsabilidad afectiva ha aparecido en varias conversaciones, sobre todo en aquellas que buscaban abordar las nuevas formas de relacionarse sexo-afectivamente. Pero ¿Qué quiere decir este término? ¿Qué estamos pidiendo cuando reclamamos responsabilidad afectiva?

Tratar de trazar una definición de este concepto no es una tarea sencilla, si bien ha estado en boca de muches parece que no es posible encontrar una definición que nos diga exactamente de dónde nace esta obligación y qué es lo implica. Para comenzar, es posible conectar este concepto con el proceso de revisión de vínculos entre personas producto de las olas feministas.

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El feminismo viene señalando las estructuras de poder y opresión que ordenan nuestra sociedad según géneros, y era de esperar que pronto el modo de relacionarnos sexo-afectivamente también sea revisado. De hecho, en el último tiempo se ha comenzado a hablar mucho más acerca de otros modos de comprometernos con una pareja que no impliquen necesariamente la monogamia. Partiendo de esta base que sostiene que no necesariamente constituimos una relación, que implique derechos y obligaciones, a partir del pacto de la monogamia, podemos comenzar a visualizar un poco mejor qué es la responsabilidad afectiva.

En este sentido, pareciera que lo primero que hay que saber es que con este concepto se busca establecer la responsabilidad que nace cuando uno se involucra afectivamente con alguien, independientemente de los términos bajo el cual se define esa relación.

Esto quiere decir que la responsabilidad afectiva nace del compromiso que uno asume cuando se involucra emocionalmente con alguien. En otras palabras, de las obligaciones que uno asume cuando se involucran sentimientos y emociones con un otre. Por esta razón, es normal que la responsabilidad afectiva sea algo que también podemos exigir en otros vínculos, es decir: no solamente en una relación sexo-afectiva.

En resumen, lo se busca señalar cuando se habla de responsabilidad afectiva es que muchas veces el proceso por el cual se define la naturaleza de una relación puede llevar mucho tiempo o capaz nunca llegar, pero eso no significa que debemos ser descuidades con los sentimientos del otres o que no debemos explicitar nuestros propios sentimientos.

 

Del mismo modo, también quiere decir que podemos exigir explicaciones y ciertas conversaciones más allá de haber acordado previamente a qué nos comprometemos. La responsabilidad afectiva nace de un acuerdo tácito que surge cuando uno comienza a vincularse afectivamente con alguien independientemente de los compromisos de fidelidad o la naturaleza del vínculo. Por esta razón, muchas personas antes de hablar de responsabilidad afectiva prefieren hablar de cuidado y consenso. En el fondo, tiene sentido: hablar de responsabilidad afectiva es hablar de acuerdos sobre cómo tratarnos y cuidarnos entre nosotres.

¿Cómo practicar la responsabilidad afectiva?

Cuando hablamos de responsabilidad afectiva estamos hablando, de considerar las emociones propias y de asumir la tarea de comunicar lo que sentimos en relación a un vínculo. ¿Esto significa vomitar palabras y sentires sin pensar en absoluto lo que digo? No, claro que no. Es elegir lo que comunico, darme el tiempo para pensar qué quiero expresar y, en función de eso: comunicar.

«Cada uno tenemos que ser conscientes de cómo nos vamos sintiendo con los actos del otro, y al mismo tiempo ser capaces de comunicarlo de una manera asertiva. Sólo de esta manera podremos construir una relación saludable basada en la comunicación y en el respeto mutuo», asegura Maia Tabar para abc.es .

Hablar de las emociones puede ser una tarea compleja. No te exijas, no tiene que ser perfecto. Es algo que se va aprendiendo en el ejercicio. De la misma manera que es importante que seas paciente con vos misme, importa que consideres que aquellas dificultades también pueden tenerlas otres.

Es muy importante tener en cuenta lo que piensan y sienten las personas con las que nos vinculamos. Al mismo tiempo que somos conscientes de que lo que decimos y hacemos tiene un impacto en elles. Así es como sentamos las bases que darán lugar a un vínculo en el que prevalece la responsabilidad afectiva.

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Obvio, tampoco la responsabilidad afectiva se trata de ser la única persona responsable por lo que sucede en un vínculo, de la misma manera que no le cabe esa tarea a la otra persona. Siempre va a tener que ver con todas las partes involucradas. Sin embargo, la parte que a cada une le toca, es la de sí misme. ¿Y por casa cómo andamos? Así decimos en Argentina para chequear cuán real es que nos hacemos cargo de eso en la vida personal de cada une.

Por supuesto que pueden haber momentos donde sea más fácil y otros en los que se vuelva más difícil. Es válido tener en cuenta que, a veces, lo que comunicamos puede ser doloroso para quien recibe el mensaje. Esta es una de las dificultades que se presentan en la comunicación. ¡Ja! ¿Parecía que lo difícil era hablar de lo que nos pasa? No siempre. Puede que nos hagamos conscientes de lo grandes que pueden ser estos desafíos en la medida que somos más conscientes de la persona que tenemos al lado.

Ser conscientes de la otra persona implica escuchar lo que transita la otra persona, asumir que no nos expresamos todxs de la misma manera y registrar que es un otrx y por ende sus emociones son otras.

¿En qué vínculos importa la responsabilidad afectiva?

Tendemos a pensar que tiene que ver con los vínculos de pareja nada más. Muy por el contrario, construir vínculos afectivos de manera responsable, implica a todos los vínculos que tengamos ya que, algunos más, otros menos, todos se encuentran mediados por cierto afecto. Pueden ser amigues, hermanes, madres, padres, compañerxs de trabajo, etc.

Ese afecto incluso puede hablarnos de cuánto queremos realmente implicarnos con la emoción de otre, o bien, si en realidad no queremos hacerlo en ese momento. Poder elegir es importante. Ser claro con esa decisión también lo es.

Asumir compromisos que no voy a poder sostener, o prometer cosas que no estoy segure de poder cumplir, definitivamente no son caminos por los que transita la responsabilidad afectiva.

Desde ya que cualquier persona puede encontrarse en una situación donde no esté siendo claro y/o no esté escuchando a la otra persona. Para esos casos también es valioso comprender que nos podemos equivocar y, desde ya, contar con la flexibilidad de repensar y cuestionar las posiciones que tomamos antes.

En arvum psicología nos proponen algunos puntos para trabajar sobre la responsabilidad afectiva en los vínculos:

  1. Fomentar la comunicación de las emociones, tratando de ser asertivos. “Esto que has hecho me ha hecho sentir…” “¿Te ha molestado algo?” “Preferiría un rato a solas porque me siento …”
  2. Analizar el origen de nuestras emociones. La responsabilidad afectiva también tiene que ver con la gestión emocional. No debemos hacer responsable a las otras personas de nuestras emociones, así como no ser el responsable de las ajenas.
  3. Establecer límites. Establecer acuerdos mutuos, conocer y comunicar dónde está nuestro límite y el de nuestra(s) pareja(s)…
  4. Comunicar nuestros deseos. Decir en voz alta qué es lo que deseamos alcanzar nos ayudará a caminar en común y a consensuar los acuerdos.
  5. Busca siempre la coherencia. Trata de ser consecuente con aquello que pides, así como ser justo con aquello que das a los demás. La clave siempre está en el equilibrio. Para tu bienestar emocional, ser coherente con lo que eres y con lo que quieres recibir será fundamental.
  6. Reconoce tus errores y trabájalos. Nos referimos, por ejemplo, a aprender a identificar emociones que son injustas para los demás y trabajar en ello. Podría ocurrir con los celos con nuestra(s) pareja(s). Saber verlo y querer trabajar en ello nos acercará a la responsabilidad afectiva.

Beneficios de la responsabilidad afectiva

Ser responsables con nuestros afectos probablemente nos conduzca a sentirnos en armonía en nuestras relaciones interpersonales ya que brinda autonomía y al mismo tiempo no reniega de la interdependencia de la que somos parte. Sin llevar la dependencia al extremo, sabernos humanes es sabernos interdependientes.

Hacer de esas redes de afecto, un espacio seguro y armonioso, probablemente nos traiga cierta calma.

Además, nos permite elaborar un termómetro emocional en relación a cuánto nos afectan algunas cosas para luego evaluar en qué medida y de qué manera comunicarlas según el vínculo y el contexto en que nos suceden.

La responsabilidad afectiva no nos salva del dolor, “no obstante sí nos creará una base para gestionar mejor momentos y emociones difíciles, así como tendremos una mejor capacidad para acompañar a nuestras personas cercanas.”


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