Violeta Alegre: las transformaciones sociales no son luchas solitarias

Foto: Marcelo Setton

Hablamos con Violeta Alegre, docente, activista, travesti y DJ.

Estudió políticas de Género y diversidad, y actualmente es estudiante de Antropología. Fue consultora del Banco Mundial y las Naciones Unidas en temáticas de inclusión socio-laboral para personas del colectivo Trans.

Dictó talleres de Género y Diversidad en Universidades de Alemania y Suiza, y también participó de paneles internacionales en Derechos Humanos. Actualmente trabaja en la oficina de identidad de género en el observatorio de género en la justicia de CABA.

Me gustaría comenzar preguntándote acerca de la carrera que elegiste: Antropología ¿cómo fue esa elección?

Sí en realidad lo que me pasó es que yo vengo con el activismo hace muchos años, a partir del 2014 antes de estudiar y después me salieron trabajos. Por ejemplo, hice una consultoría para el Banco Mundial relacionadas con temática de diversidad sexual, identidad de género en conjunto con el Ministerio de trabajo de Nación.

Ahí me salieron trabajos en territorio en diferentes provincias de Argentina y estuve trabajando y tuve contacto con personas trans de todo el país. Fue un trabajo de campo, que en principio no identificaba como tal, hasta que me metí en la carrera.

Luego, leyendo en qué consistía la carrera de antropología me di cuenta que era algo yo hacía pero sin contar con la formación académica.

Entonces el acercamiento a la Antropología viene de la idea de tratar de tener más herramientas teóricas para hacer un trabajo que yo ya venía realizando. Porque además sucedía que me llamaban distintes profesionales como antropólogues, sociologues, etc para hacerme entrevistas o inclusive acompañar en cátedras o en clases en universidades.

Eso me hizo pensar que algo de lo que yo hacía tenía que ver con estas disciplinas. Y después al entrar me di cuenta que tenía que ver todo con todo.

Pero el ingreso a la carrera de Antropología si bien me gustó y me situó en lo que yo venía haciendo también tenía que ver con que yo tenía ganas de habitar la universidad. Yo venía de una diplomatura en géneros y política, que fue un espacio super formativo y me gustó la universidad como espacio político para hacer activismo.

Me pareció que era un espacio que no estaba habitado por personas travestis y trans por todo lo que ya sabemos ¿no?

Si, las voces de las personas travestis y trans aparecen como objeto de estudio pero no como productoras de conocimiento. Y es algo que todavía está.

Si, totalmente. Entender eso también. Es decir ¿qué saberes están legitimados? ¿Qué voces están legitimadas? ¿Quienes producen ese conocimiento? Me parecía importante habitar esos espacios para legitimar también saberes que quizá no habían entrado a la academia.

No aparecemos como personas productoras de saber, sino que nuestra voz siempre está legitimada por quien está haciendo la carrera, una tesis, un trabajo de investigación que, además, no te devuelve todo el trabajo realizado.

Foto: Instragram

Otra cuestión importante es que en la diplomatura es donde conozco a Marlene Wayar y ella me presentó a Lohana Berkins, me dí cuenta de que había que activar por ese lado. Fue a partir de esos encuentros cuando se empezó a trabajar para introducir la discusión política al mundo académico.

Por eso, esa diplomatura fue un espacio formativo muy lindo, con la particularidad de que era en el conurbano bonaerense, en la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS).

Decis que cuando llegas a la diplomatura ya venías trabajando desde el activismo ¿Cómo fue ese comienzo en el activismo?

Yo me acerco al activismo por una cuestión personal. Venía de un fracaso -por así llamarlo- amoroso, con un montón de cuestiones personales que me estaban desbordando; y sentía que esa falla, ese quiebre en ese vínculo no era algo personal.

Yo decía que no quería personalizarlo en mí, ni tampoco en él. Pensaba que había algo estructural en ese vínculo violento. Y lo entendí desde ese lugar.

Primero, lo que quería era sanar yo, no quería que mi dolor se transforme en odio hacia otra persona, sino tratar de entenderlo estructuralmente y ponerlo en un contexto. Y ese fue el acercamiento al feminismo, a las teorías de género.Y ahí me dí cuenta que claro, era por ahí.

No es un problema conmigo, es una configuración que se da en determinadas corporalidades, en determinadas masculinidad, determinadas relaciones sociales que alimentan y perpetúan violencias. Y bueno, puedes correrte de ahí o ser funcional. La mayoría son funcionales.

Es muy interesante lo que marcas porque cuando analizamos las violencias, especialmente las relacionadas con las identidades, utilizamos las herramientas punitivistas, que por cierto no suelen ser compatibles con la mirada estructural de un problema.

Si creo que en esa situación super desbordante, muy violenta, que coincidió con la enfermedad de mi mamá, necesitaba herramientas para no desbordar, porque desbordar es fácil. Tenemos todas las herramientas para inclusive ponernos punitivistas y decir sos un hijo de p*** y poner en esa persona toda la bronca, y pasar del amor y odio. Así funcionan la mayoría de los vínculos, pero me parecía que no iba por ahí.

Me parecía que no iba a ser sano para mi y yo quería tratar, aunque sea desde mi lugar, mi sufrimiento, hacer un aporte a lo social. Por eso entender las teorías de género, más las herramientas que me fue brindando el feminismo fue totalmente transformador. Tal es así que hasta el día de hoy no me he movido de ahí y me interesa activar desde los vínculos.

No me moví porque me ayudó para seguir entendiendo y comprendiendo otras realidades. También para entender mis privilegios por cuestiones de clase, por cuestiones de accesos… y me involucré en ese momento en la lucha.

Vos mencionas también que ahí es donde te conoces con otras activistas ¿cómo fue ese encuentro?

Si yo ahí conozco a Marlen Wayar.

Fue muy loco porque yo a Marlene la venía leyendo y la directora de la diplomatura me comenta que había otra trans asistiendo a la diplomatura. A partir de ese encuentro nos acercamos y nos fusionamos en una amistad, en el activismo y en un montón de cuestiones personales también. Gracias a ella conocí a Diana y Lohana Berkins, personas muy importantes.

Conocerlas es también otro de los privilegios con los que cuento. Es decir, contar con estas grandes referentes de la lucha que además vieron algo en mí y que me dieron su apoyo es un privilegio. Porque eso sí, la arena política es bastante hostil.

Foto: Diario El Ciudadano y la region

El activismo tanto dentro como fuera de los movimientos puede ser muy hostil. En mi caso muchas veces sucedía que mis privilegios me invalidaban frente a mis compañeras. Es verdad que hay muchas cosas por las que no tuve que pasar, como por ejemplo la prostitución, pero tampoco creo que no nos debemos estar midiendo los sufrimientos ni que eso invalide las experiencias.

¿Cómo surgió la Colectiva Lohana Berkins?

Yo había intentado armar algo acá en Malvinas Argentinas, mucho antes de entrar a la diplomatura, pero estaba muy sola. Y estando sola sos blanco fácil para las resistencias. Entonces mis reclamos o intervenciones en el municipio me exponían a muchos más riesgos. Por ejemplo, me llamaban y me amenazaban.

Ahí comprendí que las transformaciones sociales no son luchas solitarias y armar grupalidad es completamente necesario para el activismo.

Volviendo a tu pregunta, la Colectiva surge de algún modo también para hacer el duelo. Primero fallece Diana Sacayan y luego Lohana Berkins y es ahí donde en diálogos entre Susy Shock, una artista trans de aca de Argentina, y Marlene empezamos a sugerir que debíamos organizar ese dolor.

Así surge la Colectiva, de manera muy espontánea, que llamamos Lohana Berkins y empezamos a conectar con otras organizaciones sociales. A partir de eso armamos una agenda y empezamos a convocar para discutir y realizar alianzas con otros colectivos de las disidencias.

 

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La idea era poder construir una agrupación colectiva horizontal a diferencia de la propuesta verticalista que la mayoría de las organizaciones y partidos políticos tienen. Queríamos corrernos de esa estructura jerárquica y acercarnos a algo nuevo que devenga en acciones desde lo artístico, desde el encuentro y la escucha activa de las organizaciones.

Nuestra primera intervención pública fue en la marcha del Día de los Trabajadores. Ahí interpelamos a ATE que es la Asociación de Trabajadores del Estado al canto de: ¡ATE, ATE, ATE travestificate! en medio de los chongos, las lesbianas y maricas. Y la verdad fue una cosa hermosa.

Son marchas que casi siempre están habitadas por gran porcentaje de hombres entonces la idea era introducirse ahí. Y después tuvimos otras intervenciones en espacios públicos con MU La Vaca que es una cooperativa.

Después hicimos algo muy lindo que se llamaba La Cotorral que era un espacio de charlas sudacas en la que invitamos a otras activistas para ser entrevistadas por Marlene. Eran conversaciones muy lindas que también era un espacio artístico y de diálogo que se llenaba de gente.

Básicamente empezamos a habitar espacios que antes eran impensados que nos cuestan un montón también. Que muchas veces implica de algún modo exponernos a más violencia. Querer habitar espacios que no están pensados para y ni quieren que entren personas trans es super violento.

¿En qué consiste la perspectiva trans en tu trabajo y activismo?

La perspectiva trans consiste en entender que las instituciones son heteronormadas, cisexistas, verticalistas y que la legitimación del saber está atravesado por los mismos sesgos.

Es también entender que es un camino muy solitario.Yo no estoy de acuerdo con la palabra inclusión, hay que salir de esos lugares de subordinación y empezar a habitarlos, pero para eso necesitamos empoderarnos colectivamente.

Foto: Marcelo Setton

Creo que una de las cosas que más afecta a las personas trans es que creemos que no podemos habitar estos espacios porque básicamente no hay posibilidades. Entonces ves tan reducido al mundo que te cuesta un montón después entrar a estos espacios. Hay una cuestión subjetiva muy fuerte que viene desde la infancia. Obviamente que los espacios institucionales SON excluyentes.

Subvertir estas estructuras es parte de la perspectiva trans en la política. Pero para eso hay que estar en el activismo popular, en la calle, en diálogo con las compañeras, inclusive dándole forma a algunas cuestiones que quizá no tienen el formato que se reclama para que nuestras demandas se escuchen. Muchas veces son mundos muy diferentes que hay que ir uniendo porque realmente se maneja otro lenguaje.

También es entender que la criminalización sigue operando, antes con los edictos policiales hoy con otras herramientas pero en fin está ahí. Somos las que siempre tenemos que andar explicando con teoría o con los derechos bajo el brazo cuáles son nuestros derechos. Explicando que es mi derecho que me nombren por mi nombre en el hospital, mi derecho a casarme si quiero, mi derecho a trabajar, a ser atendida dignamente en un hospital, etc.

Ahora, te llegas a enojar o a reaccionar por esas violencias, que para ese mundo parecerían estar naturalizadas o porque te niegan derechos básicos, y sos la loca y te dan vuelta el discurso para decirte: “estas loca”, “sos una violenta”, “tenes que tener paciencia, es un proceso” y no logran comprender los años de violencias que llevamos en los cuerpos.

Ante la violencia que vivimos o experimentamos se nos exige siempre cordura, siempre la actividad pedagógica, siempre explicarnos. Porque señalar todas estas cosas también implica que nos volvamos muchas veces nosotras el problema. Si pasan estas situaciones en las que no somos reconocidas o somos directamente violentadas y reaccionamos ante eso sin cordura nosotras somos el problema. Es muy delgada esa línea.

Estar en esa tensión constantemente es muy difícil. Aparte nuestros activismos hablan de nosotras de nuestra vida, nuestra sexualidad, nuestra identidad. Eso implica que todo el tiempo tengas que estar explicandote para que te respeten, reconozcan tus derechos, etc, es muy desgastante.

Por eso remarco que contar con estas leyes es importante en tanto herramientas para emplear en casos en los que no se respetan, ahí vos podes exigir con una ley en mano y lamentablemente ahí es donde el punitivismo funciona. Porque a veces no logras empatía, logras que las personas cumplan con la ley y ya.

¿Qué crees que falta para unir esos dos mundos que ves como separados? El de las leyes que son muy buenas y la realidad en donde esas violencias siguen operando y los derechos no son reconocidos

Si bien hay un reconocimiento y un avance las leyes siempre legislan para atrás. Cuando finalmente llega una ley pasaron 20 años desde que tenes identidades políticas organizadas que vienen diciendo necesitamos esto.

Entonces, cuando llega ese derecho es obviamente porque lo venís peleando hace mucho años y la verdad es que es una herramienta muy útil también para el trabajo del activismo que muchas veces tiene que habitar espacios muy hostiles. Por eso creo que cuando se gana un derecho es importante porque a su vez envía un mensaje a la sociedad pero eso no quiere decir que el cambio cultural sea inmediato, es todo un proceso.

Además genera muchas tensiones, se avanza en algo y tenes todo un sector consevador que se activa y reacciona. Las identidades hegemónicas consideran muchas veces que les estás quitando algo y no es así, estamos abriendo otros paradigmas.

Pasó con Reconocer es Reparar una política que se pensaba para las personas travestis mayores en donde aparecieron todas esas voces que dicen: Ah, bueno si le dan derecho a ellas entonces me pongo una peluca y cobro la pensión.

También sucede que cuando logramos un derecho o reconocimiento hay personas que piensan que hay otras cosas más importantes y le estamos quitando ese lugar como si fuera una lucha de recursos entre personas oprimidas. Todo es puesto en niveles muy mezquinos como si hubiera una lista de personas vulneradas o marginalizadas y hay que elegir quién se lo merece más, y en eso entra a operar fuertemente la doble moral.

Eso es algo horrible porque realmente lo que no se piensa es que un derecho no quita otro, esto no funciona así. El Estado debe ser garante de estos derechos y punto, pero es algo que todavía lo seguimos peleando todo el tiempo. Es una batalla todos los días. Igual yo creo que todos los días se va transformando un poquito más y soy optimista del trabajo del activismo político que venimos haciendo los movimientos de las disidencias.


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