Sasha Sathya, transtorta, mega artista, autoexplotadora.

Foto: Subversiones radiofónicas

Tengo la suerte de estar viendo a Sasha en vivo hace años. La vi transformarse, bestial crisálida, tantas veces y cada vez vuelve mejor, más plantada, más completa, más compleja, con más cicatrices, siempre mágica genial.

Rea conurbana / torta plitoriana / peleándolo todo / para tener nada.

Sasha Sathya se crió a la vuelta del Estadio Deportivo Merlo, zona oeste del conurbano bonaerense. Canta desde que tiene memoria y aprendió a tocar la guitarra mirando a su abuelo, guitarrista también.

Un día de chica encontró una guitarra revoleada en su casa que tenía una sola cuerda y ahí mismo empezó a hacer melodías como si siempre hubieran estado en sus manos esperando un vector para salir.

A los 13 años, por primera vez, se juntó a hacer música con otras personas. Un amigo, Facundo Cáceres la invitó a tocar en su banda de rock alternativo. Al tiempo a Facundo lo mató la policía.

La adolescencia de Sasha estuvo atravesada por el gatillo fácil, los primeros piquetes y la violencia policial. Más de una vez contó como entre sus 11 y sus 17 años la policía la agarraba y la hacía pasar algunas horas en la comisaría, sin ninguna razón más que el asqueroso adoctrinamiento o como entraban a los recitales a macanazo limpio.

Foto: SF Queer Nightlife Fund

Sasha es autosuficiente, o autoexplotadora como prefiere llamarse. Dueña de sus beats, multiinstrumentista, compositora. Su primer disco Rebeba Mixxxtape vió la luz finalmente en el 2019 y agitó las pistas de la escena queer sin descanso. También en ese año hizo su primera gira por Europa dejando huella en ciudades como Lisboa, Madrid y Málaga.

Ke muera la patria y estalle la frontera / kiero ser la puta mas cara del sistema.

La más cara. Puta. Sasha es picantísima siempre: Un besote enorme a la moralina. Sasha Sathya pasea por donde quiere. Lejos de querer congraciarse con una escena o un movimiento, muestra la mugre que habita en esos antros con una lírica incisiva, sucia y elegante.

Aca les dejo una entrevista muy buena que le hizo la gente de La banda de mi calle en donde, entre otras cosas, cuenta cómo el feminismo le dio una perspectiva con respecto al rol de la feminidad obediente y como para ella ese rol no era tal.

Creciendo en el barrio, la imagen de las pibas teniendo a raya sus chonguitos estaba lejos de ser obediente, no es lo mismo después de General Paz, asegura.

También entiende la necesidad que tuvo de irse del conurbano en un momento. Necesitaba habitar un territorio en donde sentirse deseada por fuera del fetiche heterosexual de estar con una trava. Necesitaba gustarle a una chica. Esa posibilidad estaba en la capital, pero no siempre fue liviano. En la urbe progre se encontró, también, con lesbianas más clásicas biologiCIStas que no la reconocían como lesbiana por tener pene.

Me probó tu daddy / me vuelve a llamar / la piba con pija lo hizo flashear

En marzo de este año lanzó L4 N1374 D3 L4 51RV13N74 (o La nieta de la sirvienta). El título del disco hace referencia a una frase utilizada como slogan en la lucha feminista “somos las nietas de las brujas que no pudiste quemar”.

Al igual que su disco debut, las historias que describen las canciones se desarrollan en clave de baile, pero de un modo más profundo y agresivo. En este disco de proceso creativo pandémico, post gira, Sasha se nutre de cada paso, cada barrio, cada encuentro, cada viaje.

Esta trapera, transtorta, trabajadora sexual con sangre sirio libanesa va a estar presentándose este viernes 17 y sábado 18 en Ladran Sancho en la ciudad de Buenos Aires. Quienes puedan no se pierdan la oportunidad de ver a Sasha en vivo. Tribu ardiente si las hay.

Me cuentan que el show del sábado está casi agotado pero que quedan algunas entradas en puerta. Háganse un bien y vayan a sublimar a ese pogo.