¿Qué está pasando en Europa? El auge de las Leyes ‘anti’ LGBT.

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Hace ya cuatro años que Madrid celebró el World Pride más multitudinario del mundo y se situó como la capital más Lgbtfriendly de toda Europa. El proceso hasta alcanzarlo fue arduo y sinuoso, a pesar de pertenecer a uno de los países pioneros en materia de derechos igualitarios para el colectivo.

De hecho, España, como miembro de la Unión Europea, ha sido siempre un referente para los demás estados miembros y ha sido calificada en muchas ocasiones como la nación más segura para el colectivo LGBT. Acontecimientos recientes, sin embargo, han provocado que la estabilidad y el respeto a la diversidad corran peligro tanto en el país ibérico como en el resto de Europa. Pero echemos la vista un poco más atrás.

Legislación LGBT en Europa

Es en el año 1999 cuando la UE decide armarse de competencias que proporcionen un marco de protección ante discriminaciones por razones de orientación sexual, el llamado Tratado de Ámsterdam. En 2003 se legisla acerca de la discriminación laboral del colectivo LGBT y ya entonces algunos países europeos comienzan aprobar en sus parlamentos el matrimonio igualitario.

 

Países Bajos y Bélgica lo ratificaron en 2001 y 2003 respectivamente y España durante el curso político de 2005. No obstante, y a pesar de que han pasado 22 años desde el Tratado de Ámsterdam, el reconocimiento del matrimonio igualitario es una práctica casi reciente, pues a excepción de los ya nombrados, la gran parte de los país, tal como Francia, Alemania, Austria o Finlandia han ido aprobando la nueva Ley a partir del 2009.

Aunque al día de hoy la mayoría de los países del viejo contienen reconocen algún tipo de unión homosexual, tan solo 20 naciones europeas tienen aprobado por Ley el matrimonio igualitario y equiparan al mismo nivel las relaciones heterosexuales y homosexuales, también en materia de adopción y paternidad/maternidad. En países como Italia y Grecia aún lo están debatiendo, pero sí contemplan las uniones civiles y el registro de parejas de hecho.

 

Durante el 2010 el Parlamento Europeo decide ampliar el compromiso de la UE y da paso a la creación de una plataforma sobre las Cartas de la Diversidad, que promueve lazos con organismos públicos y empresas para garantizar la mejora de la inserción laboral y el derecho a la igualdad de oportunidades atendiendo a la diversidad.

Parece mentira que en los últimos años hayamos disfrutado de un amparo legislativo amplio, y de una protección jurídica segura, y que al día de hoy aún tengamos que seguir luchando para ser escuchados y respetados. Y parece mentira porque la legislación ha seguido en constante evolución hasta la actualidad en materia de reconocimiento de la discriminación por motivos de orientación sexual.

Leyes anti ‘LGBT’

Como si de un castillo de naipes se tratara parece que todo ese avance y todas esas pequeñas batallas ganadas se están desmoronando por días y no hayan validado todavía el reconocimiento a la diversidad.

El surgimiento de leyes ‘anti’ LGBT está creciendo más rápido de lo que desearíamos y, por desgracia, se está traduciendo en ataques homófonos tanto verbales como físicos, discriminación, prejuicios y estigma social. El clima de intolerancia mantenido en el tiempo ha provocado efectos sociales visibles que se retroalimentan en el mensaje de comunidades homófobas y de partidos de derechas, y otras entidades político-sociales que expresan de forma pública la descalificación del colectivo LGBT en todo el mundo.

Aún en la actualidad, no cesan en Europa las humillaciones y la persecución hacia personas que desean a otras de su mismo sexo, y la visibilidad social de esta crueldad suscita comentarios en redes sociales que promueven el tratamiento discriminatorio hacia el colectivo.

La presencia en el ámbito público de ideales que presentan la heterosexualidad cómo un sinónimo de estatus superior dentro del marco de lo “natural”, y rechaza lo homosexual cómo inmoral y de necesario castigo y señalización pública, provoca muchas y diferentes manifestaciones sociales de aquellas personas que expresan su incomodidad de forma irracional y descontrolada generando violencia.

La insultante ola de antiderechos en las que estamos inmersos a día de hoy y que ensalzan partidos ultraconservadores constituyen el terreno perfecto para germinar el odio hacia la comunidad y provoca consecuencias en un marco en el que se humilla a la diversidad. Y es que no podemos olvidar que la lucha por el reconocimiento de los derechos de la comunidad LGBT es una carrera de fondo, que no nos va a dejar bajar la guardia.

Chechenia, Hungría y otros países europeos homófobos.

Tan solo han pasado cuatro años de la llamada ‘purga gay’ de Chechenia, aquellos campos de concentración donde al menos un centenar de hombres fueron torturados por su orientación sexual.

Desde entonces no ha existido una vía de investigación segura, entre otros motivos porque las autoridades del territorio federal y las propias instituciones rusas han negado los horrores y las persecuciones selectivas. Hasta el punto de que aún hoy existen diferentes organizaciones defensoras de los derechos LGBT, Amnistía Internacional entre otras, que esperan justicia para sus víctimas y explicaciones por parte del Kremlin.

Rusia: Dos años después de la “purga gay” de Chechenia, las víctimas aún buscan justicia y un defensor LGBTI recibe amenazas de muerte

Con estos antecedentes y sumando la Ley contra la propaganda Gay de Rusia de 2013, aún vigente, donde se prohíbe cualquier exposición y difusión de información homosexual (incluso con penas de cárcel), no es casual que Hungría se haya sentido legitimada para abordar y aprobar un paquete de medidas que veta cualquier tipo de ‘promoción’ que hable o refleje la diversidad del colectivo LGBT y que quede expuesta a menores de edad.

La reforma condena de manera arcaica a miles de niños y a toda una generación a la incapacidad de desarrollar sus vidas en la diversidad, en la igualdad y en el respeto al prójimo. Además sacude por completo las esperanzas en cuanto a derechos humanos y sociales de los colectivos pertenecientes al país que luchan a diario por su identidad en uno de los países más homófobos de la UE.

 

De forma simultánea ante la proposición de esta Ley, el órgano ejecutivo del parlamento húngaro propuso de forma simultánea otro proyecto que desaprobará la adopción de niños por parte de parejas homosexuales y que delega ese derecho única y exclusivamente a los matrimonios heterosexuales y a solteros, en cuyo caso el Ministerio de Familia analizará cada caso específicamente. Asegurándose así el gobierno húngaro de eliminar cualquier tipo de posibilidad vigente de que una persona homosexual tenga las herramientas necesarias para formar una familia.

 

La repercusión de las decisiones del gobierno de Hungría no han tardado en aflorar, e incluso la organización internacional de lesbianas, gays bisexuales, trans, e intersexuales, conocida como ILGA-Europe, ya ha hecho pública su denuncia ante la situación que está viviendo la comunidad en este país.

Por su parte, Polonia no se queda atrás y se ha unido a esta institucionalización pública de la homofobia. Allí llevan años declarando zonas de su territorio cómo ‘zonas libres’ de ideología LGBT, en concreto se trata de unos 100 municipios y regiones del país los que se han subido al carro de la discriminación y han asumido este “emblema”.

Este ataque público al colectivo surgió como respuesta a la declaración de Derechos LGBTQ que el alcalde de Varsovia, su capital, realizó con la intención de incluir temas de diversidad sexual en los planes de estudio. A pesar de que estas zonas ‘free gay’ suponen una violación directa de los Derechos Humanos y un ataque a la Ley Europea, que regula el buen funcionamiento de sus estados miembros, la comunidad internacional aún no ha tomado cartas en el asunto y su pasividad aumenta con el paso del tiempo. Aunque en ocasiones la incidencia de comunidades de carácter religioso que defienden ideales heteropatriarcales y la hegemonía de los valores tradiciones también pueden afectar a las medidas de protección del colectivo. Como es el caso de lo sucedido en Italia, hace tan solo dos meses, cuando Ciudad de El Vaticano exigió al país vecino la reforma del proyecto de Ley contra la homofobia y transfobia por considerar que ataque la libertad de pensamientos de sus fieles y que viola el acuerdo de 1984 que regula las relaciones entre la Iglesia e Italia.

La lucha continúa

Este clima de desprecio, de odio y de violación no solo a colectivo sino a la Declaración Universal de los Derechos Humanos responde al auge de políticas y partidos fascistas y de extrema derecha por toda Europa, nunca vistos desde el fin de la II Guerra Mundial.

Los ataques LGBTfóbicos se están convirtiendo en algo habitual, en ataques sistemáticos a la libertad, a la igualdad y a la convivencia como sociedad avanzada que presumimos ser. La lucha de las sociedades civiles europeas cuya finalidad es promover la igualdad, apoyar al colectivo LGBT y defender el artículo 21 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE, choca de frente con los más de 70 países del mundo en los que la homosexualidad, en pleno siglo XXI sigue siendo juzgada como delito, y en 11 de ellos pueden ser condenados a pena de muerte.

  • En Letonia el pasado día 23 de abril Normunds Kindzulis fue quemado vivo en su propia casa tras ser objeto de amenazas e insultos de carácter homófobo por parte de un vecino al que ya había denunciado previamente.
  • La madrugada del domingo 27 de junio, en A Coruña, un matrimonio homosexual sufrió una agresión cuando un hombre les propinó una paliza con una porra extensible.
  • En julio, el día 3, en el paseo marítimo de la misma capital gallega, Samuel, de 24 años, fue asesinado a golpes al grito de ‘maricón’. Al joven gallego lo mataron en plena semana de celebración del Orgullo Gay en España.

 

Pero todo esto no es más que el resultado de la normalización de los discursos de odio. La clave está en el efecto social que provoca que personas autorizadas en los medios de comunicación de masas defiendan ideales que van en contra de la igualdad de derechos del colectivo LGBT y separen a la ciudadanía, poniendo incluso en cuestión que niños y niñas deban saber sobre la existencia de esta comunidad y de su diversidad.

 

¿Es lícito utilizar un mensaje de odio alegando “protección”? ¿Es justo violar los derechos humanos y maquillarlo de normalidad? ¿Cómo podremos explicar a las generaciones futuras asesinatos cómo el de Samuel? ¿Hasta cuándo? ¿Hasta dónde llegarán? Si algo está claro es que no van a conseguir silenciarnos.