Desiguales por menstruar

autor: Loló Fernández Bravo para escritura feminista

La mitad de la población, que ya es discriminada con una brecha salarial, además debe dejar parte de su sueldo en las góndolas de productos de higiene menstrual. Una necesidad fisiológica que se presenta -generalmente- una semana al mes durante entre 30 y 40 años en el transcurso de su vida.

Cuando un presupuesto económico es escaso, afecta a quienes tienen más gastos. En este caso, a las personas con capacidad y en edad de menstruar, porque deben consumir productos sanitarios como toallitas y tampones para atravesar sus períodos de manera digna, sin tener en cuenta los analgésicos para los dolores, la ropa interior de reemplazo y los días de licencia por enfermedad en el trabajo y en la escuela.

Según la organización Economía Femini(s)ta: «La mitad de las mujeres en nuestro país gana menos de $17.900 mensualmente y el costo estimado de gestionar la menstruación en 2020 mediante la compra de toallitas y tampones era de entre 2.900 y 3.800 pesos argentinos. Este gasto no es optativo ya que es nuestro deber social gestionar la menstruación y el mismo impacta sobre ingresos que son de por sí menores». De esta forma, el estigma de la pobreza se agrava cuando estamos menstruando.

Cuando un único paquete debe durar hasta el próximo mes, las personas que hacen malabares para comprarlos pueden llegar a usar una sola toallita por día, lo cual significa una incomodidad muy grande, porque se genera más olor, porque ya no tiene capacidad para absorber más sangre y porque funcionan igual que el pañal de un bebé: cuando se llena de líquido se hincha, se pone pesada y molesta. Lo mismo sucede con los tampones, lo cuales se recomienda cambiar cada cuatro horas porque puede producir manchas, incomodidad e infecciones.

La falta de estos elementos suele venir acompañada de otras carencias como el acceso a agua potable, instalaciones sanitarias adecuadas, un lugar para eliminar los desechos y sobre todo conocimiento de la temática: qué hacer en ese momento, a dónde ir a pedir asesoramiento, qué se puede utilizar y cómo y entender que no es algo que está mal sino algo natural que, si sucediera en condiciones mejores, no sería discriminador.

Teniendo en cuenta los precios de estos productos (que pueden variar entre $36 y $456 los paquetes de ocho toallitas; entre $48 y $207 las 20 unidades de protectores diarios; desde $67 hasta $178 la caja más chica de tampones y a partir de los $449 la copa menstrual), es fácil saber cuál elegiría una persona que tiene que decidir entre comprar un kilo de pan para su familia o uno de estos insumos. Al no contar con algo para parar o contener el sangrado, estas personas no pueden salir de su casa, casi no pueden salir del baño y ahí es cuando las más pequeñas no pueden ir al colegio y las más grandes al trabajo. Y esto se repite mes a mes.

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