4 hábitos negativos que afectan las relaciones familiares, y algunos consejos para mejorarlos

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Identificar cuáles son los hábitos negativos que afectan las relaciones familiares es la clave para poder tener un mejor actuar frente a las situaciones que dañan la convivencia. Esto debe hacerse bien sea entre los mismos miembros de la familia o con ayuda de un profesional; y servirá para impedir que existan repercusiones negativas tales como: traumas difíciles de sanar, ciclos repetitivos de violencia, falta de atención afectiva, intolerancia, falta de aceptación del otro, entre otros factores que resultan de las malas relaciones familiares.

Existen muchos factores negativos por los cuales las relaciones familiares pueden verse afectadas. A menudo, estos factores suelen manifestarse por medio de hábitos que, precisamente por ser repetitivos, quebrantan la unión familiar impidiendo que cada uno de los miembros de la familia encuentre soluciones y nuevas maneras de crecer sana y positivamente.

Estos son los 4 hábitos negativos que a menudo afectan las relaciones familiares:

1. Ausencia de actividades rutinarias compartidas.

Cuando existe una ausencia de estas actividades de rutina compartidas, se disminuye el tiempo de calidad en familia y es imposible que se genere acercamiento, unión y afectividad.

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Las actividades rutinarias crean relaciones familiares más sólidas al mismo tiempo en que ayudan a salir del caos del día a día. Un gran ejemplo de esto, son las familias que encontraron la manera de mantener una sana convivencia en medio del confinamiento por la pandemia de la Covid-19.

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Las rutinas compartidas dentro de las relaciones familiares, son un hábito que beneficia el desarrollo tanto emocional como social de todos los miembros de un núcleo familiar. Es poco probable que las familias que no establecen actividades rutinarias compartidas, puedan construir fortalezas para mejorar la relación familiar; ya que hay bajas posibilidades de que entre los mismos miembros del núcleo familiar, se involucren positivamente en sus gustos, preferencias y opiniones.

¿Cómo mejorar la ausencia de actividades rutinarias compartidas?

La comunicación y el interés por los gustos y preferencias de cada miembro de la familia son lo primero antes de establecer rutinas. Esto es importante porque se tiene que tener en cuenta cuáles son las actividades que se van a desarrollar, en qué horarios y con qué frecuencia.

Por otra parte, es necesario establecer que en las actividades rutinarias compartidas todos pueden y deben participar sin estereotipos ni roles de género. Esto fortalece el valor que se tiene en el trabajo de cada uno y evita que se menosprecie o se endiose una actividad por el simple hecho de ser ejecutada por algún género en específico.

Por último, se debe incluir dentro de la rutina, actividades que todos los miembros de la familia puedan compartir y que contribuyan a pasar tiempo de calidad. Estas actividades pueden ser cenar juntos algunos días de la semana, establecer días de ocio y entretenimiento, crear rutinas de fines de semana para todos, inventar saludos de buenos días y buenas noches, entre otras actividades según preferencias de cada uno.

2. Violencia en todas sus presentaciones.

La violencia física, emocional o verbal -ya sea implícita o explícita- y la normalización de cualquiera de estas manifestaciones violentas dentro de los núcleos familiares -creer que se tiene derecho a ser violento por cumplir un determinado rol en la familia- es uno de los hábitos que más afectan las relaciones familiares.

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Cuando se habla de violencia, es importante entender que esta puede manifestarse ya sea por medio de ataques físicos hacia otra persona o incluso, a través de palabras que se lanzan con la finalidad de herir o dañar las emociones de otro – en este caso de alguno de los miembros de la familia-.

Es difícil mantener una convivencia sana en familia si alguno de los miembros de esta suele manifestarse por medio de acciones violentas. Esto se debe a que los efectos que puede desencadenar en dichos miembros familiares violentados, irán desde respuestas igual de violentas, daños emocionales y/o traumas difíciles de sobrellevar.

¿Cómo mejorar los hábitos violentos que afectan las relaciones familiares?

Asistir a terapia psicológica nunca está de más. A menudo las acciones violentas suelen venir de traumas pasados que no fueron identificados o sanados; por esta razón, es de suma importancia tratarse con un profesional para identificarlos, tratar de resolverlos y así evitar repetir ciclos violentos; es decir, para que generacionalmente no se repitan los mismos patrones de violencia.

3. No resolución de conflictos.

En todos los núcleos familiares suelen presentarse conflictos que de no ser bien gestionados, pueden afectar de manera negativa la convivencia en familia y las relaciones entre cada uno de los miembros que la componen.

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Estos conflictos forman parte de la convivencia familiar y pueden presentarse ya sea por tener opiniones opuestas, por tener preferencias- gustos diferentes y/o por falta de acuerdos consensuados. Así que, si bien es imposible erradicar este tipo de conflictos; hablarlos y tratar de resolverlos es clave para que las relaciones familiares no se rompan y para evitar que se acumulen recuerdos negativos que generen rabias, resentimientos, dolor y patrones generacionales repetidos.

¿Cómo mejorar la no resolución de conflictos dentro del núcleo familiar?

La comunicación y la empatía son claves para resolver los conflictos que se presentan en la familia. El intercambio de roles para entender qué es lo que se siente cuando la otra parte actúa de manera negativa y no trata de resolverlo, es importante para analizar el conflicto desde otra perspectiva sin tener que atrincherarse en una sola posición.

Por otra parte, asumir el conflicto con compromiso, respetar, aceptar que no todos se deben comportar para satisfacer ciertas necesidades y encontrar puntos de acuerdos a partir de los cuales se pueda trabajar, son otras maneras de mejorar la no resolución de conflictos familiares.

4. Falta de aceptación.

La falta de aceptación o la no aceptación de diferencias, es un mal hábito que conlleva a que se recrimine y se estigmatice las acciones, opiniones y gustos del otro por el simple hecho de que esas preferencias no suelen cumplir con las expectativas que alguno de los miembros familiares tiene en mente. ¿La consecuencias de esto? falta de aceptación y confianza en quien a menudo no es aceptado dentro de la familia.

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Idealizar el comportamiento de alguno de los miembros de nuestro núcleo familiar es un error que se comete muy a menudo y que repercute de manera negativa en las relaciones familiares.

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¿Cómo mejorar la falta de aceptación dentro del núcleo familiar?

Entender y respetar la individualidad del otro es importante para mejorar la falta de aceptación. Las relaciones familiares dejan de verse afectadas por este hábito cuando se evita pensar que los miembros de nuestra familia están obligados a cumplir con nuestras obligaciones, o que sus opiniones, gustos y preferencias deben ir acorde a nuestras necesidades.

Evita también hacer comparaciones entre los miembros de tu núcleo familiar, respeta los espacios personales y celebra los logros de cada uno. Así, se promueven ambientes positivos y se enriquece la relación entre los miembros equipos de una familia

 


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