Depilarse o no depilarse, esa es la cuestión

La relación de las personas con su vellos corporales no es lineal, ésta ha estado determinada por el género, la religión, la moda, las necesidades y hasta la política. En este sentido no podemos encontrar un denominador común por el cual las personas, a lo largo de la historia, se vieron obligadas e incluso motivadas a depilarse.

Si vamos al comienzo de esta historia encontramos que los primeros registros de esta práctica datan del 1500 aC en Egipto. Según el papiro Ebers, que es uno de los tratados médicos más antiguos, los hombres se depilaban utilizando navajas de diferentes metales, mientras que las mujeres utilizaban cera de azúcar u otras sustancias. Aquí, el cuerpo sin vellos estaba asociado a un ideal de pulcritud y se parecía más a un ritual religioso, que de belleza, y no respondía a estereotipos de género.

Desde ese entonces hasta ahora, la relación entre las personas y sus vellos ha sufrido distintas transformaciones. Probablemente, tengamos más presente los ideales de belleza asociados al género femenino de los últimos 70 años, donde el estereotipo de mujer estaba fuertemente influenciado por artistas y famosas. Pero la realidad es que ya hace tiempo se empezó a ver más una liberación de esta práctica y hoy lejos de ser una imposición, podemos observar que son cada vez más las personas que se sienten libres de elegir, qué quieren hacer con su cuerpo sin sentirse juzgadas por lxs demás.

Obviamente esto depende mucho de en qué país vivas o, incluso, que estilo de vida lleves. Pero lo más importante es que ya muchxs no sentimos la obligación de cumplir con las expectativas de nadie. Se respeta que cada persona haga lo que más desee con su propio cuerpo. Lo interesante de estas transformaciones es que nos permite observar que no hay una relación necesaria entre esta práctica y nuestra vida, ésta está siempre mutando, lo que demuestra que en realidad no es tan importante y que cada unx puede elegir qué hacer y no hay una obligación más que tu propio deseo. Como la famosa frase de Hamlet, depilarse o no depilarse es una duda que unx tiene ante sí mismx. 

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